sábado, 25 de junio de 2011

Nunca le ha gustado caminar sola por la calle.Y menos de noche. Su imaginación le suele jugar malas pasadas. Así que esos diez minutos andando hasta el final de la calle se le suelen hacer eternos. Nada más salir de su casa, agudiza el oído instintivamente y camina cada vez mas deprisa, con la mirada fija en el suelo. De vez en cuando un coche la ilumina con los faros, y ella solo puede pensar, "que pase de largo, que pase de largo". En el fondo sabe que se comporta como una niña, pero no puede evitar una oleada de seguridad cada vez que, casi a punto de correr, da la vuelta a la esquina y lo ve allí, apoyado contra el coche. Más de una vez él le ha preguntado porqué llegaba tan sofocada, pero ella nunca supo que responder. Todavía no sabe si es por el miedo, la carrera o por esas incontrolables ganas de verlo y tenerlo cerca.

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